sábado, 9 de junio de 2012

TEMA. la enseñanaza de jesus


La Enseñanza de Lecciones Espirituales Importantes

Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres. Colosenses 3:23.

La vida de Cristo, desde sus más tempranos años, fue una vida de fervorosa actividad. El no vivió para agradarse a sí mismo. Era el Hijo del Dios infinito; no obstante, trabajó en el oficio de carpintero con su padre José. Su oficio fue significativo. Había venido al mundo como edificador del carácter, y como tal toda su obra fue perfecta. Toda su labor material se distinguió por la misma perfección que transmitía a los caracteres que estaba transformando por su poder divino. El es nuestro modelo.
Los padres debieran enseñar a sus hijos el valor y el debido uso del tiempo. Enséñeseles que vale la pena luchar para hacer algo que honre a Dios y beneficie a la humanidad. Aun en sus tempranos años pueden ser misioneros para Dios...
Cualquiera que sea el ramo de trabajo en el cual nos ocupemos, la Palabra de Dios nos enseña a ser “en el cuidado no perezosos; ardientes en espíritu, sirviendo al Señor”. “Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas”, “sabiendo que del Señor recibiréis la compensación de la herencia: porque al Señor Cristo servís”.
Las lecciones dadas a los niños acerca de los deberes comunes del hogar, pueden ser presentadas de tal manera que el Señor las aproveche para producir impresiones duraderas en sus corazones mediante ellas. Transformen estas cosas comunes de la vida en textos donde se puedan destacar las lecciones de la Palabra de Dios. Enseñen a sus niños que deben aprender a realizar a la perfección todos sus trabajos de tipo mecánico. Al aplicar la exactitud y la destreza a sus deberes diarios aprenderán lecciones espirituales que permanecerán con ellos durante toda su vida. Dios requiere que se utilice buen juicio y pericia en el planeamiento de nuestros trabajos. Al dar instrucciones acerca de la construcción del santuario terrenal, el gran Maestro dejó establecidos principios destinados a ser una ayuda espiritual para Israel durante toda su experiencia futura. La sabiduría y la perfección empleadas en la realización de aquella obra eran típicas de la obra que habría de ser hecha en sus vidas al preparar sus corazones para la morada interior del Espíritu de Dios.
Padres, ¿se preguntan ustedes cuál debe ser su trabajo? Consiste en aceptar sus responsabilidades del hogar, haciendo lo mejor que puedan y tratando diariamente, hora tras hora, de poner delante de sus hijos un ejemplo digno de imitación... Que sus lecciones sean de tal naturaleza que produzcan gozo y alegría en sus vidas, y que los induzcan a desear el servicio de Cristo. Enséñenles a emplear en su servicio las facultades que Dios les ha dado. Así estarán siguiendo el ejemplo del niño Jesús.


Jesús Enseñó la Laboriosidad con Su Propio Ejemplo

Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas. Eclesiastés 9:10.

Vestido como un obrero común, recorría las calles de la pequeña ciudad, yendo a su humilde trabajo y volviendo de él. No empleaba su poder divino para disminuir sus cargas ni aliviar su trabajo.
Mientras Jesús trabajaba en su niñez y juventud, su mente y cuerpo se desarrollaban. No empleaba temerariamente sus facultades físicas, sino de una manera que las conservase en buena salud, a fin de ejecutar el mejor trabajo en todo ramo. No quería ser deficiente ni aun en el manejo de las herramientas. Fue perfecto como obrero, como lo fue en carácter. Por su ejemplo, nos ensenó que es nuestro deber ser laboriosos, y que nuestro trabajo debe cumplirse con exactitud y esmero, y que una labor tal es honorable. El ejercicio que enseña a las manos a ser útiles, y prepara a los jóvenes para llevar su parte de las cargas de la vida, da fuerza física y desarrolla toda facultad. Todos deben hallar algo que hacer benéfico para sí y para otros. Dios nos asignó el trabajo como una bendición, y sólo el obrero diligente halla la verdadera gloria y el gozo de la vida. La aprobación de Dios descansa con amante seguridad sobre los niños y jóvenes que alegremente asumen su parte en los deberes de la familia, y comparten las cargas de sus padres. Los tales, al salir del hogar serán miembros útiles de la sociedad.
Durante toda su vida terrenal, Jesús trabajó con fervor y constancia. Esperaba mucho resultado; por lo tanto intentaba grandes cosas. Jesús no rehuyó los cuidados y la responsabilidad... El carácter positivo y enérgico, sólido y fuerte que manifestó Cristo, debe desarrollarse en nosotros, mediante la misma disciplina que él soportó. Y a nosotros se nos ofrece la gracia que recibió él...
Jesús trabajaba con alegría y tacto. Se necesita mucha paciencia y espiritualidad para introducir la religión de la Biblia en la vida familiar y en el taller; para soportar la tensión de los negocios mundanales, y, sin embargo, continuar deseando sinceramente la gloria de Dios. En esto Cristo fue un ayudador. Nunca estuvo tan embargado por los cuidados de este mundo que no tuviese tiempo o pensamientos para las cosas celestiales. A menudo expresaba su alegría cantando salmos e himnos celestiales. A menudo los moradores de Nazaret oían su voz que se elevaba en alabanza y agradecimiento a Dios. Mantenía comunión con el Cielo mediante el canto; y cuando sus compañeros se quejaban por el cansancio, eran alegrados por la dulce melodía que brotaba de sus labios. Sus alabanzas parecían ahuyentar a los malos ángeles, y como incienso, llenaban el lugar de fragancia. La mente de los que le oían se alejaba del destierro que aquí sufrían para elevarse a la patria celestial.

jueves, 7 de junio de 2012

TEMA: LA ENSEÑANZA DE JESUS


La Enseñanza de Jesús: Sencilla, pero con Autoridad

Les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Mateo 7:29.

Jesús moraba en Capernaúm, y esta localidad llegó a ser conocida como “su ciudad”...
Era un punto de mucho tránsito. Gente de muchos países pasaba por la ciudad, o quedaba allí a descansar en sus viajes de un punto a otro. Allí Jesús podía encontrarse con representantes de todas las naciones y de todas las clases sociales, tanto ricos y encumbrados, como pobres y humildes, y sus lecciones serían llevadas a otras naciones y a muchas familias. Así se fomentaría la investigación de las profecías, la atención sería atraída al Salvador, y su misión sería presentada al mundo.
A pesar de la acción del Sanedrín contra Jesús, la gente esperaba ávidamente el desarrollo de su misión. Todo el cielo estaba conmovido de interés. Los ángeles estaban preparando el terreno para su ministerio, obrando en los corazones humanos y atrayéndolos al Salvador.
En Capernaúm, el hijo del noble a quien Cristo había sanado era un testigo de su poder. Y el oficial de la corte y su familia testificaban gozosamente de su fe. Cuando se supo que el Maestro mismo estaba allí, toda la ciudad se conmovió. Multitudes acudieron a su presencia. El sábado, la gente llenó la sinagoga a tal punto que muchos no pudieron entrar.
Todos los que oían al Salvador “se maravillaban de su doctrina, porque su palabra era con potestad” Lucas 4:32...
Jesús no tenía nada que ver con los diversos temas de disensión entre los judíos. Su obra era presentar la verdad. Sus palabras derramaban raudales de luz sobre las enseñanzas de los patriarcas y profetas, y presentaban las Escrituras a los hombres como una nueva revelación. Nunca habían percibido sus oyentes tan profundo significado en la Palabra de Dios.
Jesús se encontraba con la gente en su propio terreno, como quien está familiarizado con sus perplejidades. Hacía hermosa la verdad presentándola de la manera más directa y sencilla. Su lenguaje era puro, refinado y claro como un arroyo cristalino. Su hablar era como música para los que habían escuchado las voces monótonas de los rabinos. Pero aunque su enseñanza era sencilla, hablaba como persona investida de autoridad. Esta característica ponía su enseñanza en contraste con la de todos los demás. Los rabinos hablaban con duda y vacilación, como si se pudiese entender que las Escrituras tenían un significado u otro exactamente opuesto. Los oyentes estaban diariamente envueltos en mayor incertidumbre. Pero al enseñar, Jesús presentaba las Escrituras como autoridad indudable. Cualquiera que fuese su tema, lo exponía con poder, con palabras incontrovertibles... En todo tema, revelaba a Dios.

lunes, 4 de junio de 2012

TEMA: INVITACIÓN DE JESÚS


Cristo Invita Nuestra Confianza

Jesús le dijo... Sígueme.  Lucas 9:59

La caída de nuestros primeros padres rompió la cadena dorada de la obediencia implícita de la voluntad humana a la divina. Nunca más la obediencia ha sido considerada una necesidad absoluta. Los agentes humanos van tras sus propias imaginaciones, acerca de las cuales el Señor dijo—refiriéndose a los habitantes del mundo antiguo—que se dirigían continuamente hacia el mal. El Señor Jesús declaró que él había guardado los mandamientos de su Padre. ¿Cómo? ¡Como hombre! “He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad” Hebreos 10:7. Frente a las acusaciones de los judíos se mantuvo con su carácter puro, virtuoso y santo mientras los desafiaba: “¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?” Juan 8:46. El Redentor del mundo no vino únicamente para constituirse en un sacrificio por el pecado, sino con el fin de ser un ejemplo para el hombre en todas las cosas. Era un Maestro, un educador tal como el mundo nunca antes había visto ni oído. Hablaba como quien tiene autoridad, pero al mismo tiempo invita a la confianza de todos...
Mediante su palabra y su ejemplo práctico el Hijo unigénito del Dios infinito nos ha legado un modelo sencillo que debemos copiar. Mediante sus palabras nos ha educado para que le obedezcamos a Dios, y mediante su propio ejemplo nos ha mostrado de qué modo le podemos obedecer. Su deseo es que cada ser humano realice esta mismísima obra, que le obedezca a Dios inteligentemente y que por precepto y ejemplo enseñe a otros lo que deben hacer para transformarse en hijos obedientes de Dios.
Jesús ha hecho posible que todo el mundo obtenga un conocimiento inteligente de su misión y obra divinas. Vino para representar el carácter de su Padre ante el mundo, y a medida que estudiamos la vida, las palabras y las obras de Jesucristo, en todo sentido recibimos ayuda en la educación de la obediencia a Dios; y al imitar el ejemplo que nos ha dado, nos transformamos en epístolas vivientes conocidas y leídas por todos los hombres. Nosotros somos los medios humanos vivientes llamados a representar el carácter de Jesucristo ante el mundo. Cristo no sólo dio reglas explícitas para demostrarnos de qué manera podemos llegar a ser hijos obedientes, sino que con su propia vida y carácter ilustró exactamente cómo realizar aquello que es correcto y aceptable ante Dios, de modo que no hubiera excusa para que no hiciéramos lo que es agradable ante su vista.
Siempre debiéramos estar agradecidos porque Jesús nos ha probado con hechos reales que el hombre puede guardar los mandamientos de Dios, desmintiendo con ello la falsedad satánica de que el hombre no los puede guardar. El gran Maestro vino a nuestro mundo para ocupar su lugar a la cabeza de la humanidad, para así elevar y santificar a la humanidad mediante su obediencia santa a todos los requerimientos divinos, y demostrando al mismo tiempo que es posible obedecer todos los mandamientos de Dios. Así comprobó que es posible gozar de una vida entera de obediencia. De la misma manera, él envía a seres humanos al mundo—igual como el Padre envió a su Hijo—, para que ilustren la vida de Jesucristo con sus propias vidas...
Jesús dice: “Sígueme”.

domingo, 3 de junio de 2012

TEMA: LOS DESCIPULOS DEL MAESTRO


Discípulos del Maestro Celestial

Hemos hallado al Mesías, que quiere decir el Cristo.  Juan 1:41

Mientras dos discípulos estaban cerca, Juan volvió a ver a Jesús entre el pueblo. Otra vez se iluminó el rostro del profeta con la gloria del Invisible, mientras exclamaba: “He aquí el Cordero de Dios”. Las palabras conmovieron el corazón de los discípulos. Ellos no las comprendían plenamente. ¿Qué significaba el nombre que Juan le había dado: “Cordero de Dios”? Juan mismo no lo había explicado.
Dejando a Juan, se fueron en pos de Jesús. Uno de ellos era Andrés, hermano de Simón; el otro Juan, el que iba a ser el evangelista. Estos fueron los primeros discípulos de Cristo. Movidos por un impulso irresistible, siguieron a Jesús, ansiosos de hablar con él, aunque asombrados y en silencio, abrumados por el significado del pensamiento: “¿Es éste el Mesías?”
Jesús sabía que los discípulos le seguían. Eran las primicias de su ministerio, y había gozo en el corazón del Maestro divino al ver a estas almas responder a su gracia. Sin embargo, volviéndose, les preguntó: “¿Qué buscáis?” Quería dejarlos libres para volver atrás, o para expresar su deseo.
Ellos eran conscientes de un solo propósito. La presencia de Cristo llenaba su pensamiento. Exclamaron: “Rabbí,... ¿dónde moras?” En una breve entrevista, a orillas del camino no podían recibir lo que anhelaban. Deseaban estar a solas con Jesús, sentarse a sus pies, y oír sus palabras. “Díceles: Venid y ved. Vinieron, y vieron donde moraba, y quedáronse con él aquel día”.
Si Juan y Andrés hubiesen estado dominados por el espíritu incrédulo de los sacerdotes y gobernantes, no se habrían presentado como discípulos a los pies de Jesús. Habrían venido a él como críticos, para juzgar sus palabras. Muchos cierran así la puerta a las oportunidades más preciosas. No sucedió así con estos primeros discípulos. Habían respondido al llamamiento del Espíritu Santo, manifestado en la predicación de Juan el Bautista. Ahora, reconocían la voz del Maestro celestial. Para ellos, las palabras de Jesús estaban llenas de refrigerio, verdad y belleza. Una iluminación divina se derramaba sobre las enseñanzas de las Escrituras del Antiguo Testamento. Los multilaterales temas de la verdad se destacaban con una nueva luz.
Es la contrición, la fe y el amor lo que habilita al alma para recibir sabiduría del cielo. La fe obrando por el amor, es la llave del conocimiento, y todo aquel que ama “conoce a Dios” 1 Juan 4:7...
“El siguiente día, quiso Jesús ir a Galilea, y halla a Felipe, al cual dijo: Sígueme”. Felipe obedeció el mandato, y en seguida se puso también a trabajar para Cristo.

sábado, 26 de mayo de 2012

TEMA: OBEDIENCIA A LAS LEYES FISICAS


Los Resultados de la Obediencia a las Leyes Físicas

Estos, pues, son los mandamientos, estatutos y decretos que Jehová vuestro Dios mandó que os enseñase, para que los pongáis por obra en la tierra a la cual pasáis vosotros para tomarla; para que temas a Jehová tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados. Deuteronomio 6:1-2.

Se nos enseña en este pasaje que la obediencia a los requerimientos de Dios coloca al obediente bajo las leyes que controlan el ser físico. Los que quieren preservar su salud deben subyugar todos los apetitos y las pasiones. No deben dar rienda suelta a las pasiones concupiscentes ni al apetito desenfrenado, pues han de estar bajo el control de Dios, y sus facultades físicas, mentales y morales han de ser tan sabiamente empleadas como para que el mecanismo del cuerpo permanezca funcionando bien.
Salud, vida y felicidad son el resultado de la obediencia a las leyes físicas que gobiernan nuestro cuerpo. Si nuestra voluntad y nuestro proceder están de acuerdo con la voluntad y el proceder de Dios, si hacemos lo que agrada a nuestro Creador, él mantendrá en buenas condiciones el organismo humano y restaurará las facultades morales, mentales y físicas a fin de poder obrar mediante nosotros para su gloria. Su poder restaurador constantemente se manifiesta en nuestro cuerpo. Si cooperamos con él en esa obra, los resultados seguros son salud y felicidad, paz y utilidad.
“Y nos mandó Jehová que cumplamos todos estos estatutos, y que temamos a Jehová nuestro Dios, para que nos vaya bien todos los días, y para que nos conserve la vida, como hasta hoy” Deuteronomio 6:24. El temor que aquí se menciona no es un miedo servil, sino un temor piadoso.
Dios le dio estas leyes a Israel con el fin de mantenerlos felices y saludables. Si no hubiera existido un Satanás que los tentara, estas instrucciones especiales no habrían sido necesarias; pero a menos que el pueblo tuviera algo que los guiara, con seguridad serían descarriados por las estratagemas engañosas del enemigo de la justicia. Su única seguridad se encontraría en obedecer diligentemente la palabra del Señor.
Los padres que desean educar a sus hijos correctamente deberían seguir las instrucciones dadas en estos pasajes, y no permitir a sus pequeñuelos que hagan nada en detrimento de los mandamientos de Dios que han sido dados con tanta claridad. Que los padres y las madres enseñen fielmente estos preceptos a sus hijos, y que impresionen sobre sus mentes tiernas el hecho de que hay vida, salud y felicidad en la obediencia...
Cuando tratamos de obtener un conocimiento de las leyes divinas, nunca debemos perder de vista el gran objetivo de hacerlo para familiarizarnos con su voluntad con el propósito de obedecerle.

jueves, 17 de mayo de 2012

TEMA: EL PRINCIPIO DEL AMOR


El Principio del Amor en la Ley

Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. 1 Juan 4:19.

No hay evidencia de arrepentimiento verdadero cuando no se produce una reforma en la vida. Si restituye la prenda, devuelve lo que haya robado, confiesa sus pecados y ama a Dios y a su prójimo, el pecador puede estar seguro de que pasó de muerte a vida.
Cuando vamos a Cristo como seres errados y pecaminosos, y nos hacemos participantes de su gracia perdonadora, el amor brota en nuestro corazón. Toda carga resulta ligera, porque el yugo de Cristo es suave. Nuestros deberes se vuelven delicias y los sacrificios un placer. El sendero que antes nos parecía cubierto de tinieblas brilla ahora con los rayos del Sol de justicia.
La hermosura del carácter de Cristo ha de verse en los que le siguen. El se deleitaba en hacer la voluntad de Dios. El poder que predominaba en la vida de nuestro Salvador era el amor a Dios y el celo por su gloria. El amor embellecía y ennoblecía todas sus acciones. El amor es de Dios; el corazón inconverso no puede producirlo u originarlo. Se encuentra solamente en el corazón donde Cristo reina. “Nosotros amamos, por cuanto él nos amó primero”. En el corazón regenerado por la gracia divina, el amor es el móvil de las acciones. Modifica el carácter, gobierna los impulsos, restringe las pasiones, subyuga la enemistad y ennoblece los afectos. Este amor atesorado en el alma endulza la vida y derrama una influencia purificadora sobre todos los que están en derredor.
Hay dos errores contra los cuales los hijos de Dios, o particularmente los que apenas han comenzado a confiar en su gracia, deben guardarse en forma especial. El primero... es el de fijarnos en nuestras propias obras, confiando en algo que podamos hacer para ponernos en armonía con Dios. El que está procurando llegar a ser santo mediante sus esfuerzos por observar la ley, está procurando una imposibilidad. Todo lo que el hombre pueda hacer sin Cristo está contaminado de egoísmo y pecado. Sólo la gracia de Cristo, por medio de la fe, puede hacernos santos.
El error opuesto y no menos peligroso consiste en sostener que la fe en Cristo exime a los hombres de guardar la ley de Dios, y que en vista de que sólo por la fe llegamos a ser participantes de la gracia de Cristo, nuestras obras no tienen nada que ver con nuestra redención.
Nótese, sin embargo, que la obediencia no es un mero cumplimiento externo, sino un servicio de amor. La ley de Dios es una expresión de la misma naturaleza de su Autor; es la personificación del gran principio del amor, y es, por lo tanto, el fundamento de su gobierno en los cielos y en la tierra. Si nuestros corazones están renovados a la semejanza de Dios, si el amor divino está implantado en el alma, ¿no se cumplirá la ley de Dios en nuestra vida? Cuando el principio del amor es implantado en el corazón, cuando el hombre es renovado a la imagen del que lo creó, se cumple en él la promesa del nuevo pacto... La obediencia, es decir el servicio y la lealtad que se rinden por amor, es la verdadera prueba del discipulado.