sábado, 17 de marzo de 2012

TEMA: SIMPATIA DE DIOS PARA TODOS.

Simpatía Para Todos

El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado... a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado. Isaías 61:1, 3.

Cristo era un observador cuidadoso y notaba muchas cosas que otros pasaban por alto. Siempre era servicial y estaba siempre dispuesto a pronunciar palabras de esperanza y simpatía para los desanimados y dolientes. Sin quejarse permitía que la multitud lo presionara, aunque a veces casi lo levantaban de sus pies. Cuando encontraba una procesión fúnebre, no pasaba a su lado indiferente. Su rostro se llenaba de tristeza al contemplar la muerte y lloraba con los dolientes.
Cuando los niños recogían las flores silvestres que crecían a su alrededor tan abundantemente, y se atropellaban para traerle sus pequeñas ofrendas, las recibía alegremente, les sonreía y expresaba el regocijo que sentía al ver tal variedad de flores.
Estos niños eran su patrimonio. El estaba consciente de haberlos venido a rescatar del enemigo mediante su muerte en la cruz del Calvario. Les hablaba palabras que en adelante ellos llevarían siempre en sus corazones. Se sentían felices de saber que él apreciaba sus regalos y de escuchar que les hablaba con tanto cariño.
Cristo observaba a los niños mientras jugaban, y a menudo expresaba su aprobación cuando ganaban una victoria inocente sobre algo que se habían propuesto realizar. Les cantaba a los niños con palabras dulces y llenas de bendición. Ellos sabían que él los amaba. Nunca los regañó. Compartió con ellos sus alegrías y tristezas infantiles. A menudo juntaba algunas flores, y después de mostrarles a los niños su hermosura se las dejaba como un regalo suyo. El había hecho las flores, y se deleitaba en destacar sus bellezas.
A veces se ha dicho que Jesús no sonreía nunca. Esto no es correcto. La inocencia y la pureza de un niño extraían de sus labios un canto gozoso.
A los que lo seguían les explicaba la palabra de Dios con tanta claridad que se deleitaban en su compañía. Desde las cosas inferiores de la tierra dirigía sus pensamientos hacia los santos principios de la verdad y la justicia. Los preparaba para que comprendieran todo lo que entraña la transformación del carácter a la semejanza divina. Sus palabras fortalecían la fe. De este mundo lleno de cuidados y preocupaciones, transportaba el pensamiento de sus oyentes hacia aquel otro mundo más elevado y noble, que muchos habían perdido de vista. Mostraba que cada momento de la vida está cargado de importancia eterna. Enseñaba que las cosas de este mundo son de poco valor si se las compara con las cosas del mundo venidero.

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